Todos tenemos secretos, todos tenemos pensamientos que por nada del mundo compartiríamos ni con la almohada, sólo por el terror que nos produce que se "sepa nuestro pecado", todos tenemos cosas de las cuales no estamos precisamente orgullosos, la sociedad, la familia nos han hecho temer a ser rechazados y condenados por nuestras "malas acciones". Entonces nos convertimos en celosos guardianes de nuestros pensamientos oscuros, sin darnos cuenta que ello nos coloca dentro de una prisión que hemos construído y de la cual tenemos la llave para liberarnos. Sin embargo, preferimos vivir aprisionados en nuestro dolor y en nuestra culpa, en vez de elegir la libertad y la inocencia. Esas son las doctrinas del Ego, esconde todo aquello de lo que te averguenzas porque así estarás a salvo de la condena de los otros, porque tarde o temprano lo usarán en tu contra y te destruirán. No sé cuantas veces he tenido esos mismos pensamientos durante toda mi vida.
Sé exactamente como vivimos atormentados por nuestros pecados, por nuestros errores, haciendo cualquier cosa por seguir manteniendo el "secreto".
Yo no sé si seré capáz de expresar claramente lo duro que fue para mi primeramente, el haber pasado por situaciones tan difíciles en mi infancia y luego en mi adolescencia hasta principios de mis veinte años de vida. Me sentía tan sucia, tan vacía, tan segura de no merecer nada bueno, tan llena de odio a mi misma, tan culpable. Las personas que pasamos por experiencias de abusos sexuales nos sentimos culpables por ello, como si hubíesemos provocado aquello y por eso preferimos la muerte antes de que alguien se entere de lo que "hemos hecho".
Para ser capáz de hablarlo abiertamente en todas mis charlas cuando no me conocen, es gracias al curso de milagros, porque he podido liberar esa culpa que me tuvo viviendo un verdadero infierno toda, toda, toda mi vida.
Los abusos de mi infancia los compartí por primera vez con mi padre, cuando yo tenía 18 años, bastante irónico porque él hacía exactamente lo mismo conmigo desde que yo tenía 15 años y lo conocí cuando cumplí mis 14 años. Se sintió ofendido porque mi madre había permitido que aquello sucediera, él la llamó por teléfono sin consultarme, sin preguntarme que me parecía y la culpó, cuando supe que la había llamado para decirselo me quería morir... literalmente.... El corazón se me salía del pecho, y cuando hizo que me enfrentara a ella por teléfono, ya que me había ido de casa a los 17 años, quería desaparecer... lo peor en ese momento fue que se confirmó mi mayor miedo, no me creyó, le preguntó a su marido y el hasta el día de hoy lo niega todo, entonces me condenó a mi, me dijo que porque le quería hacer daño a ella, dejé de hablarle algunos años, no podía con el dolor y la culpa. Mi padre me hacía lo mismo, pero sin violencia. En mi mente... en silencio pensaba que así deberían de ser las cosas en esta vida, pero jamás me atreví siquiera a preguntarselo a mis mejores amigas.
Cuando tienes secretos, la culpa te carcome por dentro, y te haces mucho daño de forma inconsciente, con relaciones de pareja tormentosas, te vas fabricando una coraza cada vez más difícil de romper; estoy segura que cuando mis amigos de infancia, del colegio y compañeros de trabajo lean esto se quedarán petrificados. Porque yo era una mujer en apariencia muy segura, super alegre, divertida, infantil y dura a la vez. Como dije anteriormente, eres capáz de cualquier cosa por mantener el secreto a salvo.
Y tal como lo dice el Curso, todos tenemos un límite para el dolor y el sufrimiento, hasta que ya no puedes más, te empiezas a preguntar si es posible vivir de otra manera. Cuando pides ayuda SIEMPRE llega, de muchas formas.
A medida que avanzaba en la lectura del libro de texto de ucdm (un curso de milagros) notaba algo raro... notaba que poco a poco el dolor no era tan fuerte como antes, que mi deseo de esconder mis pecados cada vez era menor, es más, se me hacía insostenible seguir guardándolo, así que empecé por contarselo a mis hermanas, luego a mi pareja, a mis compañeros del curso, pero pude hacerlo únicamente gracias a la ayuda de mi guía interior. Sin Él esto hubiera sido imposible. Quiero dejar una cosa clara, el personaje que somos (con nombre, dni, profesión, edad, hobbies) No es capáz de perdonar, así que no lo intentéis sin ayuda porque es IMPOSIBLE. Yo lo he comprobado por más de 30 años, en eso tengo experiencia.
Cuando crees que alguien es culpable de algo que te ha pasado no puedes perdonar. El pseudo perdón al que estamos acostumbrados es condenación disfrazada, "yo perdono pero no olvido, te perdono pero no quiero volver a verte, te perdono pero si te veo cruzo la calle y me hago la loca, o la famosa frase... que te perdone Dios porque yo no puedo"! Y paren de contar... es inútil, eso simplemente reafirma la culpa en el otro y como consecuencia en ti, sí, en tí, acaso no habéis sentido alguna vez después de terminar una discusión bastante acalorada con alguién, aunque sintáis que lleváis razón, un hueco en el estómago? O un fuerte dolor de cabeza? O una tristeza inexplicable? Eso se debe a que nuestro SER (nuestro espíritu, el hijo de Dios) se ha condenado a sí mismo. El SER sabe que lo que le reprocho a otro me lo reprocho a mi mismo, porque todos, y digo TODOS somos parte de la MENTE UNO junto con nuestro Creador. TODOS somos El Hijo de Dios. El hijo de Dios no fue solo Jesús de Nazaret, no. Él es nuestro amado hermano mayor cuyo objetivo fue y es, mostrarnos que no somos un cuerpo, que la muerte no es real, Él anduvo caminos llenos de obstáculos solo para mostrarnos que si nos conectamos a la mente de Dios podremos ver el reino de los Cielos y podremos disfrutar de la Paz de Dios. No es cierto que sufrió, ni condenó a ningún hermano, ni a los Judíos, ni a los Romanos, Su objetivo es que con su ayuda y la del Espíritu Santo recordemos quienes somos. El HIJO DE DIOS (aparentemente dividido en 7 mil millones de cuerpos) Cada uno de nosotros somos una piecita del puzzle ó rompecabezas de El Cristo.